Basura cero: el cambio que ya vive la Ciudad de México

Estrategia de basura cero en la Ciudad de México orientada a la economía circular y al aprovechamiento de residuos urbanos
vía: SEDEMA

Hablar de basura cero en la Ciudad de México hoy implica entender un proceso que se ha construido con el paso de los años. No se trata de una medida aislada ni de una decisión reciente, sino de una transformación gradual que ha ido tomando forma conforme la ciudad reconoció que su modelo tradicional de manejo de residuos ya no era sostenible.

Durante décadas, la capital operó bajo una lógica simple: generar basura, recolectarla y enviarla a rellenos sanitarios. Sin embargo, con una generación diaria cercana a las 13 mil toneladas de residuos sólidos urbanos, este esquema comenzó a mostrar sus límites. Los costos económicos, el impacto ambiental y la saturación de los sitios de disposición final obligaron a replantear el sistema.

Antes de basura cero: el primer ordenamiento

Mucho antes de que el término basura cero se volviera parte del discurso público, la Ciudad de México ya había dado un primer paso. En 2017 entró en vigor la norma ambiental que establecía la separación de residuos en distintas fracciones. El objetivo era claro: mejorar la clasificación para que la basura llegara más limpia a los procesos de tratamiento y reciclaje.

Este primer ordenamiento buscaba sentar las bases para un cambio más profundo. Sin embargo, en la práctica, gran parte de los residuos seguía llegando mezclada. La norma existía, pero su aplicación aún era limitada, lo que evidenció que el reto no solo era técnico, sino también cultural.

Proceso de separación de residuos en planta de reciclaje en la Ciudad de México
vía: SEDEMA

2019: el arranque formal de basura cero

El punto de inflexión llegó en 2019. En octubre de ese año, durante la conmemoración del Día Mundial del Hábitat, el Gobierno de la Ciudad de México anunció de manera formal su intención de convertir a la capital en una ciudad de basura cero, con un enfoque de economía circular. En ese momento, la ciudad enviaba alrededor de 8,600 toneladas diarias a rellenos sanitarios, lo que representaba un gasto cercano a los tres mil millones de pesos al año.

La meta planteada fue reducir de manera progresiva ese volumen y llegar, hacia 2024, a solo dos mil toneladas diarias enviadas a disposición final. Desde el inicio, se dejó claro que los residuos debían dejar de verse como un problema y comenzar a entenderse como un recurso con potencial económico y social.

De 2020 a 2024: años de ajuste y aprendizaje

Tras el anuncio de 2019, los años siguientes estuvieron marcados por una etapa de ajuste. Entre 2020 y 2024, la ciudad se enfocó en fortalecer la infraestructura, mejorar los sistemas de separación y analizar tecnologías utilizadas en otras ciudades del mundo. Fue un periodo de aprendizaje en el que se hizo evidente que basura cero no podía avanzar sin la participación activa de la ciudadanía.

Durante estos años también se impulsaron medidas complementarias, como la prohibición de plásticos de un solo uso y el desarrollo de convocatorias para el reciclaje de residuos de la construcción y el aprovechamiento sustentable de los residuos urbanos. El objetivo era reducir la generación de desechos desde el origen y aumentar las tasas de reciclaje de manera realista.

Separación correcta de residuos orgánicos, reciclables y no reciclables dentro del programa en CDMX
Imagen ilustrativa sobre la separación correcta de basura

La NADF y el corazón de la separación

En este proceso, la Norma Ambiental de la Ciudad de México, conocida como nadf 024 ambt 2013, se consolidó como uno de los pilares del modelo basura cero. Esta norma define cómo deben separarse los residuos y qué fracciones reconoce el sistema, permitiendo ordenar la recolección y mejorar el aprovechamiento de los materiales.

Los residuos orgánicos incluyen restos de alimentos de origen vegetal y animal, cáscaras, residuos de jardinería y materiales similares. Esta fracción es clave, ya que puede tratarse mediante compostaje y reducir de forma significativa el volumen de basura que termina en rellenos sanitarios.

Los residuos inorgánicos reciclables abarcan materiales como papel, cartón, plásticos, vidrio, metales, textiles y envases multicapa. Cuando se separan correctamente, estos materiales pueden reincorporarse a cadenas productivas y fortalecer la economía circular. Por otro lado, los residuos inorgánicos no reciclables corresponden a materiales que, por su uso o características, ya no pueden aprovecharse, como diversos residuos sanitarios.

2025: economía circular y nueva visión urbana

En 2025, el enfoque de basura cero dio un paso más con la presentación de la estrategia Ciudad Circular: Basura Cero para Transformar la Capital. Esta visión dejó claro que la gestión de residuos no solo depende de ampliar infraestructura, sino de cambiar prácticas, cultura y corresponsabilidad social.

En esta etapa, la fracción orgánica adquirió un papel central. Tratar estos residuos desde los hogares y las unidades habitacionales se reconoció como una de las vías más efectivas para reducir la basura total y mejorar la calidad de vida urbana. Al mismo tiempo, se anunció la modernización de plantas de tratamiento y el fortalecimiento de esquemas de monitoreo para grandes generadores.

Clasificación de residuos en planta de reciclaje como parte del modelo de residuo cero y economía circular urbana
Imagen ilustrativa sobre la separación correcta de basura

2026: separación obligatoria y consolidación

Con la experiencia acumulada desde 2017 y el impulso iniciado en 2019, la Ciudad de México entra en una nueva fase en 2026. A partir de enero de ese año, la separación de residuos en los hogares se vuelve obligatoria como parte del programa Transforma tu Ciudad, Cada Basura en su Lugar.

Este esquema establece calendarios específicos de recolección según el tipo de residuo y busca reciclar o aprovechar al menos el 50% de las más de 8,600 toneladas de basura que se generan diariamente. Más que una medida punitiva, esta etapa prioriza la información y la concientización, entendiendo que el éxito de basura cero depende de que la población comprenda y adopte el sistema.

Basura cero como proceso vivo

Hoy, basura cero no es una meta cerrada, sino un proceso en evolución. La Ciudad de México avanza hacia un modelo más ordenado, eficiente y consciente, donde los residuos forman parte de una visión urbana más amplia. Los años de transición muestran que el cambio es posible cuando existe continuidad, reglas claras y corresponsabilidad entre gobierno y sociedad.

Campaña de separación de residuos en la Ciudad de México enfocada en residuo cero y correcta clasificación desde los hogares
Imagen ilustrativa sobre la separación correcta de basura