
Las normatividades ambientales están más presentes en la vida diaria de lo que suele percibirse. Se manifiestan en la forma en que se separan los residuos, en los colores que identifican cada tipo de desecho y en los contenedores de plástico que se utilizan en oficinas, calles, escuelas y espacios públicos. Cuando estas reglas se aplican de forma correcta, la separación se vuelve clara y funcional desde el primer contacto.
El reto aparece cuando la normativa no se comunica bien. Un color mal aplicado, una iconografía confusa o un contenedor sin coherencia visual pueden anular todo el sistema. Por eso, entender cómo operan las normatividades ambientales, junto con las NOMs ambientales, es clave para evitar errores que se repiten todos los días en entornos urbanos y corporativos.
Qué regulan en la separación de residuos
Las normatividades ambientales regulan mucho más que la clasificación de residuos. También definen cómo deben presentarse visualmente los sistemas de separación para que cualquier persona pueda identificarlos sin esfuerzo. En este punto, los contenedores de plástico cumplen una función central como medio de comunicación entre la norma y el usuario.
En México, estas disposiciones se apoyan en criterios establecidos por distintas NOMs ambientales, cuyo objetivo es unificar la forma en que se separan y comunican los residuos. El propósito no es imponer reglas aisladas, sino construir un sistema que funcione igual en una empresa, una dependencia pública o un espacio abierto con alto flujo de personas.

Normatividades ambientales y los colores del sistema de reciclaje
Uno de los elementos más visibles de las normatividades ambientales es el uso de colores dentro del sistema de reciclaje actual. Estos colores no responden a una elección estética; forman parte de un lenguaje visual que permite identificar residuos orgánicos, inorgánicos y sanitarios de manera inmediata, sin necesidad de leer instrucciones extensas.
Los contenedores de plástico deben respetar esta lógica cromática para que el sistema sea comprensible. Cuando los colores se usan de forma incorrecta o se mezclan mensajes, se rompe la continuidad visual que las normas buscan establecer. Por ello, las NOMs ambientales insisten en la coherencia entre color, tipo de residuo e iconografía, especialmente en espacios donde las decisiones se toman en segundos.
Este enfoque resulta esencial en edificios públicos, centros de trabajo y áreas comunes, donde la claridad visual facilita la participación y reduce errores constantes en la separación.
La NADF-024-AMBT-2013 y su impacto en los contenedores de plástico
Dentro de las normatividades ambientales, la NADF-024-AMBT-2013 es una referencia clave en la Ciudad de México. Esta norma establece criterios claros para la separación de residuos y su correcta identificación, poniendo énfasis en la comunicación visual y en la responsabilidad compartida entre generadores y usuarios.
La NADF-024 influye directamente en el diseño y uso de los contenedores de plástico, ya que define cómo deben distinguirse los residuos para evitar confusiones desde el origen. Su enfoque busca ordenar el sistema, no complicarlo, y ha servido como base para que muchas organizaciones alineen sus procesos incluso fuera de la CDMX.
En la práctica, esta norma refuerza la importancia de respetar colores, símbolos y mensajes claros como parte del cumplimiento ambiental cotidiano.

Normatividades ambientales y el papel del RAMIR
Otra pieza fundamental dentro de las normatividades ambientales es el Registro y Autorización para el Manejo Integral de los Residuos, conocido como RAMIR. Este instrumento permite a empresas y gobiernos dar seguimiento a la gestión de residuos y demostrar cumplimiento ante la autoridad ambiental.
El RAMIR se vincula directamente con las NOMs, ya que exige coherencia entre lo que se declara y lo que se implementa en campo. Un sistema de separación mal identificado o con contenedores de plástico incorrectos puede generar inconsistencias que afectan la trazabilidad y el control de los residuos.
Por ello, el cumplimiento no termina en el registro. Comienza en la forma en que los residuos se separan y se comunican visualmente desde el primer punto de contacto.
Empresas, gobiernos y aplicación de NOMs
Para las empresas, aplicar correctamente las normatividades ambientales implica ordenar procesos internos y facilitar la participación del personal. Los contenedores de plástico bien identificados reducen dudas, evitan reprocesos y ayudan a mantener un sistema de separación constante y entendible.
En el caso de gobiernos y municipios, estos contenedores funcionan como herramientas educativas permanentes. Al respetar colores, iconografía y lineamientos de las NOMs ambientales, se refuerza un mensaje claro que puede replicarse en distintos espacios urbanos, fortaleciendo la cultura de separación.
Cuando ambos sectores aplican los mismos criterios, el sistema se vuelve comprensible y consistente para la población.

Normatividades ambientales como base de un sistema claro
Entender las normatividades ambientales también permite ver cómo la correcta separación puede ordenar el entorno urbano cuando cada residuo va en el lugar que le corresponde. Campañas que priorizan la claridad visual muestran que los contenedores de plástico, al respetar colores e iconografía, hacen que el sistema sea fácil de usar y mantener.
Ese interés lleva a revisar cómo separar la basura correctamente y a aplicar desde el origen lo que marcan las NOMs ambientales, la NADF-024-AMBT-2013 y el RAMIR. Así, la normativa deja de sentirse abstracta y se convierte en una guía práctica que orienta decisiones cotidianas y mejora la gestión de residuos de forma consistente.





